Review del Festival Copenhell Día 3
- Efecto Metal
- 25 ago 2025
- 6 Min. de lectura
La dicha de volver a este gran evento

Llegó el tercer día y en este no nos podíamos dar el gusto de llegar tarde, ya que a las 13:30 horas los Soulfly, liderados por el mítico Max Cavalera, abrían el escenario principal.
Con un setlist enteramente dedicado a este proyecto, comenzaron con toda la energía con “Seek and Strike”, “Prophecy” y “No Hope = No Fear”, haciendo que el público empezara los primeros pits de la jornada. Toda la banda estuvo muy ajustada y dio una presentación contundente, sobre todo Max, que si bien se ocupó más de arengar al público, no descuidó su labor como segundo guitarrista. También se lo notó bien vocalmente, y más animado que en años anteriores. El sonido también fue bueno, siguiendo la norma de que cada día del festival mejoraba.
La segunda mitad del set incluyó menos clásicos, lo que hizo que el pogo se calmara un poco, pero ya para el final, con “Eye for an Eye”, este volvió para coronar un gran concierto.
Luego de recorrer un poco el predio, que contaba con innumerables atracciones y puestos de merch, nos ubicamos nuevamente en el escenario Helviti para presenciar otro plato fuerte del día: los progresivos y prodigios Dream Theater.
Con una gran pantalla de fondo que animaba la intro y luego cada canción, los músicos se situaron en escena y el set comenzó con “Night Terror”, para continuar con “Panic Attack”. Un arranque contundente que dejó eufóricos a los fans del grupo entre la audiencia. Con un sonido nítido y claro se pudo apreciar a la perfección cada ejecución, y ahí se entiende la calidad de músicos con los que cuenta este grupo. Creo, sin lugar a dudas, que es la banda más virtuosa e intrincada que he visto en vivo, dejando de lado a su vocalista, que se sabe que no está en su mejor momento y hace lo que puede. Pero el problema que me generó esto es que, a mi parecer, le falta emoción. A partir de la mitad del set el show se me hizo redundante y hasta aburrido, como si no tuvieran nada más que decir, más allá de demostrar que pueden tocar lo que se les ocurra.
Aclaro que esto es una sensación personal y de alguien que no es seguidor del grupo, ya que la gente que los fue a ver disfrutó mucho la presentación y los ha mencionado como uno de los mejores actos del festival.

Sin respiro, se corrió hasta el escenario Hades para ver a uno de los pioneros del death metal melódico, Carcass. Con un arranque centrado en hits como “Buried Dreams” e “Incarnate Solvent Abuse”, dejaron en claro por qué es una banda que tiene su status: sonido claro y potente, ejecuciones perfectas y canciones que ya son himnos del metal extremo. La puesta en escena fue un poco más austera, con un telón de fondo y videos de autopsias en las pantallas laterales. Ellos se encontraban vestidos con camisas, como si fueran oficinistas, no como otras bandas del género que apelan a vestirse como metaleros. La respuesta de la gente fue muy positiva, con empujes, pogos y hasta algún coreo de riff, cosa difícil en estas latitudes. Todo esto se potenció hacia el final con las clásicas “Corporal Jigsore Quandary” y “Heartwork”, cantadas y coreadas con el corazón por todo el público.
Estos festivales suelen caracterizarse por no dar respiro, y este fue uno de esos casos, ya que quince minutos después del final de Carcass, los thrashers alemanes de Kreator salieron a matar en el escenario principal. Con un escenario decorado con inflables y cadáveres colgando, el despliegue de agresión comenzó con una lenta versión de “Violent Revolution”. Por suerte, el susto sobre la velocidad de las canciones pasó, y con potentes versiones de “Enemy of God”, “Betrayer” o “People of the Lie”, pudimos afirmar que Kreator se encuentra en excelente forma y sigue siendo la banda que te arranca la cabeza sin ningún tipo de piedad o arrepentimiento. Más allá de los mencionados inflables o muñecos colgando, contaron con mucho fuego e incluso varias explosiones de papeles que volaron sobre los enormes pits y walls of death que el público no paró de hacer ni por un momento.

Tras una breve pausa, que contó con la quema de un muñeco, llegaron las canciones finales donde la agresión y la locura alcanzaron un nivel todavía más alto, sobre todo en “Flag of Hate” y “Pleasure to Kill”, canción elegida para cerrar un show demoledor y que reafirma que Kreator es un grupo que da espectáculos brutales y con un sonido impecable.
Para calmar un poco los ánimos, nos dirigimos al escenario secundario a presenciar el show de Myrkur, música danesa que combina black metal con elementos folclóricos vikingos. El concierto tuvo varias partes: una donde la estridencia y el metal estuvieron más presentes, y otra donde la propuesta era enteramente folclórica. El momento más destacado fue cuando, junto a un grupo de coristas invitadas, interpretaron el cover de Bathory “Song to Hall Up High”. Una buena presentación, aunque por momentos se tornó un poco densa, ya que es una propuesta muy fría, que interactúa poco con la audiencia y que desentona un poco con el clima de descontrol que venían dando los actos anteriores.
En el escenario Helviti, Billy Idol se presentó como el cierre inesperado pero intenso del día. Arrancó puntualmente con la enérgica “Still Dancing” y continuó con clásicos como “Cradle of Love”, “Rebel Yell” y un final memorable con “White Wedding” y “Dancing With Myself”. Su carisma intacto, junto al virtuosismo de Steve Stevens en guitarra, mantuvieron vivo el espíritu del ícono del punk-rock, combinando nostalgia con potencia contemporánea. El show fue una mezcla equilibrada de temas nuevos y emblemáticos. Joyas recientes como “77”, “Too Much Fun” y “People I Love”, provenientes de su último álbum Dream Into It, encajaron con fluidez junto a himnos de siempre, demostrando que su repertorio actual no desentona en vivo. La respuesta del público fue cálida, aunque más moderada en comparación con los artistas más extremos del festival.

A pesar de estar cerca de los 70 años, Billy Idol demostró que sigue siendo un imán sobre el escenario. Su energía fue un poco más contenida que en sus mejores años, pero el dominio escénico y la conexión con los fans permanecen intactos. Para muchos, fue una experiencia nostálgica y vibrante que celebró la vigencia de un ícono del rock.
Terminado el headliner principal del día, fuimos al ya bastante lleno escenario Hades, donde un telón negro con el logo de King Diamond tapaba su fachada. Con la intro de su clásico álbum “Abigail” y su actuación asesinando a una muñeca, el show dio inicio con “Arrival” y “A Mansion in Darkness”, de su clásico ya mencionado trabajo. Un sonido brutal, claro, nítido y potente, en el que todos los instrumentos sonaban con fuerza y la voz del Rey resplandecía al frente, permitiendo apreciar a la perfección todas las facetas de su voz.
Otro aspecto importante fue la escenografía, donde se mezclaban temáticas del hospital psiquiátrico y las escaleras de la mansión de Abigail. Un contraste raro, pero efectivo.
A su vez, hubo mucho teatro, con una actriz que iba interpretando distintos personajes mientras interactuaba con King, quien usaba distintas máscaras y atuendos para interpretar cada canción e internalizar con cada personaje. Aunque debo decir que, por momentos, quedaba medio caricaturesco, y en vez de generar terror, causaba risa.
El setlist contó con momentos clásicos de su carrera solista como “Halloween” o “Welcome Home”, joyas rescatadas como “The Candle” o “Eye of the Witch” y dos canciones nuevas que fueron muy bien recibidas por el público: “Masquerade of Madness” y “Spider Lilly”. Tras una breve pausa y muchas ovaciones, la banda volvió a escena para ahora sí despedirse con el clásico “Abigail”, cantado y coreado por un público extasiado y feliz de ver a King Diamond en su tierra natal. Cabe aclarar que gran parte del show, el Rey se comunicó en danés, idioma local.

Y así, con una jornada con más nombres importantes y conciertos inolvidables, pasamos el tercer día del festival. Quedaba un día más, el cual también reseñamos, así que te invito a leer la cuarta y última reseña del Copenhell en el próximo informe.
Por Ignacio Azzarita
Fotos: Matías Zorrilla






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