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No hace falta presentar al Ruso Verea y su vinculación con Riff

  • 22 ene 2020
  • 6 Min. de lectura

Una charla esencial con el periodista que fue plomo y fan de la banda




El Ruso Verea es, sin duda, un referente del periodismo metÔlico argentino. Lo contactamos para que nos contara su vinculación con los inicios de Riff y en especial con ese show en Ferro que prÔcticamente selló esa primera etapa con la separación de la banda.


¿A cuÔndo se remonta tu amistad con los músicos de Riff?

Al primer día, al primer show en el teatro Sala Uno en la calle Boulogne Sur Mer. De ahí en mÔs me convertí en seguidor. Un día, en un festival de carnaval que se hizo en el club YPF, donde Riff iba a tocar, yo estaba con mi mujer y estuvimos tomando algo de manera muy casual con Boff y con Vitico, y de ahí en mÔs empezó una relación mucho mÔs directa con ellos porque íbamos a todos los shows. Después afiancé mucho mÔs el vínculo porque ellos venían mucho a la casa del Yeti (Carlos Canosa) y yo soy padrino de una de sus hijas. Luego el contacto con ellos siguió un tiempo corto en donde la relación creció, después pasó lo de Ferro y seguimos viéndonos mucho mÔs seguido.


ĀæEstuviste en ensayos en la casa de Pappo?

No, pero sƭ en el taller una sola vez y nada mƔs.


ĀæEn Ferro del 83 fuiste asistente?

Sí, y asistí justo al lado de Pappo y de Danny Peyronel. Fue compartir un rato en el medio de una batalla. Yo estuve dos días y medio metido en Ferro durmiendo ahí e hice de todo: desde el armado del escenario hasta la llegada de equipos, mÔs el colgado de los fierros. La realidad es que, después de que tuvo que pararse el show de Los Violadores, estaba preparado un desfile de modelos de M57 y de Little Stone (auspiciantes del evento), las minas estaban aterradas abajo del escenario y la gente rompió todo. Avanzó al campo y todo esto pasó en la vieja tribuna visitante de Ferro. Después se transformó en ver cómo lograr que el show de Riff no se parara ni que nos roben nada y que todo funcione. Pero fue muy difícil, a tal punto que no terminó. Duró

un rato largo, pero lo que se tenía planeado para seguir tocando no se pudo hacer. Ese día pasó de todo.




¿Qué pasaba con Danny y el público?

Con Danny Peyronel pasaba esa cosa eterna nuestra de elegir un enemigo y la verdad es que es un tipo excepcional y un músico de puta madre, que venía a sumar, pero a la gente no le cayó bien y fue un poco el blanco de esa noche. Yo, ese día, le atajé un porrón que iba directo a su cabeza, no sé si le salvé la vida, pero casi. Me acuerdo que, terminado el show y habiendo desarmado todo, él estaba con su mujer inglesa y yo lo acompañé hasta la puerta del auto llevÔndole el teclado, porque también había que hacer que se sintiera lo mÔs tranquilo y cómodo posible. Después no lo vi nunca mÔs a Danny. Ese día pasó de todo, como que un loco se subía al escenario con una cadena y golpeaba el piso cerca de donde estaba Danny, hasta que armamos unas tretas como para sacarle la cadena porque si no nos iba a matar a todos.


Contamos, por favor, la anécdota de cuando Pappo pasó por tu parrilla a hacer choripanes.

Eso fue un domingo y Pappo llegó para comer porque andarĆ­a por Avellaneda. En frente habĆ­a un cine que hoy ya no estĆ”, sobre la calle MaipĆŗ (justo cuando se baja el puente cuando uno viene de Capital para Avellaneda) y ahĆ­ en una ochava estaba la parrilla. HabĆ­a mucha gente y habĆ­a faltado el parrillero, entonces Pappo se sacó la campera, golpeó al que hacĆ­a las ensaladas, entró, me preguntó cómo hacĆ­a los chorizos y con cuĆ”ntos huesos cortaba la porción de asado para servir y se puso a atender. La anĆ©cdota termina cuando al final vienen cuatro chabones a tomar vino y nosotros, por una regla, no entregĆ”bamos alcohol sin consumir algo de carne. Entonces se pidieron cuatro choripanes: yo llevĆ© los dos primeros y Pappo los Ćŗltimos dos, y mientras todo esto pasaba uno de los pibes les decĆ­a a los otros: ā€œLoco, el de la parrilla es Pappoā€. Entonces Pappo les dejó los choripanes y les dice: ā€œSoy Pappo, ”¿quĆ©, no puedo hacer

chorizos?!ā€. Palabras mĆ”s, palabras menos, los pibes se volvieron locos. Por supuesto que el Carpo los cagó a pedos y les dijo: ā€œA tomar el vino, a comerse lo choripanes y a volar que tenemos que cerrarā€.


¿Estuviste en la fecha de Motörhead y Riff en La Plata?

Sí, claro que estuve, obviamente. La impresión que me quedó es que las dos bandas tenían mucho en común y, cuando digo mucho en común, es esto: el rock and roll. Esencialmente era eso, de ahí que Phil Campbell se vuelve loco a un costado del escenario y después terminan invitÔndolo a tocar. Le cuelgan una guitarra, enchufa y sale a tocar con Riff. Fue una fecha soñada por que era el hipódromo de La Plata y por tener que caminar por el costado de la estación de trenes e ir hasta el fondo, hasta el hipódromo. Todo eso fue parte de lo marginal de todo esto. También por la manera en la cual estaba armado el escenario. Ese día, por ejemplo, a Lemmy se le cortó una cuerda del bajo y cantó una canción sin el bajo y haciendo gestos como si fuera un frontman, aunque no era su costumbre y se lo veía raro. Fue una fecha inolvidable y motivadora porque yo conocía a los Riff y sabía positivamente que, cuando se lanzaran, iban a salir a matar por una simple razón: porque después venía Motörhead. Y ese fue un momento

grandioso. Igual, ā€œel momentoā€ de esa noche fue cuando Campbell aparece en un costado del escenario y estaba como loco con Riff, sacado, y bastó para que le colgaran una guitarra y saliera a tocar con ellos.


¿CuÔl es tu disco preferido de Riff y por qué?

Cada disco de Riff, aun y a pesar de cómo estaban grabados, y de lo mal que sonaban (Riff era una banda que sonaba diez veces mejor en vivo de lo sonaba cuando grababan los discos), me parece que tienen perlas. Los discos de Riff tienen perlas. En cada Ć”lbum uno se encuentra con cuatro o cinco temas que son inolvidables, asĆ­ que no podrĆ­a elegir uno. El negro (ā€œQue Sea Rockā€) es el que mejor estĆ” grabado. Y en ese negro hay uno de los mejores temas que es ā€œEn La Ciudad Del Gran RĆ­oā€, mĆ”s allĆ” del tema ā€œQue Sea Rockā€ y de todo lo otro que entregaron. Pero no podrĆ­a elegir un solo disco porque siempre vuelvo al primero, paso por el segundo, me voy al negro, vuelvo a ā€œContenidosā€ y me gusta.




¿Qué representa Pappo, según vos, para la música argentina?

Pappo es todo eso que resume el sueƱo del rockero de un lugar en el mundo como el nuestro: el tipo de un barrio que aspira a tocar un instrumento que, por cuestiones de necesidades o vagancia, no llega a estudiar y que, de manera autodidacta, se transforma en un Ć­cono, hace de su instrumento una parte del cuerpo y transforma la mĆŗsica desde un lugar del mundo como Ć©ste. Yo siempre digo que hay que agarrar el disco ā€œPappo y Amigosā€ completo y hacĆ©rselo escuchar a todo aspirante de guitarrista de rock and roll. AhĆ­ vas a encontrar riffs, estructuras y melodĆ­as musicales relacionadas con el rock de un tipo que es nuestro, que salió de acĆ” y que nos nutrió a todos. Que uno de los Ć­dolos de Pappo sea Peter Green muestra la sutileza y la calidad de escucha de Pappo, a la vez del porquĆ© Pappo tocaba como tocaba.


¿Qué opinión te merece el regreso de 2018?

Me parece que pueden hacer lo que quieran porque Vitico fue Riff, porque JAF fue una parte de Riff, porque al estar el hijo de Moro es como honrar un poco a Oscar y porque al aparecer Boff de nuevo, es darle a Ć©l ese lugar que siempre ocupó y que se merece (porque Boff fue muy importante en la estructura de Riff). Y me gusta pensarlo mĆ”s como un homenaje, un recuerdo y una reconciliación con una parte de una banda que, sin ninguna duda, en el rock nuestro, hizo historia. Apareció Riff para que otra vez el rock and roll volviera a tener lo que tenĆ­a que tener, y hablo de esos ā€œochentasā€. Un par de dĆ©cadas despuĆ©s, que se recuerde eso, me parece que estĆ” bueno. Y repito, que cada uno haga lo que quiera. Se lo merecen, se lo ganaron.


Por Sergio Giambruni

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