Hablamos con el manager de Riff en la época de “Riff VII”

“A Pappo lo conozco de adolescente y en esta etapa nos divertimos mucho”





Isa Portugheis es un músico con gran historia y en esta segunda etapa de Riff fue elegido para ser manager del grupo. Viejo conocido de Pappo, le aportó su impronta al tiempo que duró esta alineación de la banda bajo la producción de Carlos Rodríguez Ares. Lo contactamos para que nos contara cómo se edificó esta etapa y cómo fue la grabación del disco de estudio más el en vivo.


¿Cómo fue que conociste a Pappo? ¿Fue cuando grabaste con La Pesada? ¿Cómo era tu

relación con él?

A Pappo lo conocí cuando yo tenía dieciséis años, o sea, bastante antes de La Pesada; creo que al principio de Pappo’s Blues. Lo de La Pesada fue después, porque yo ahí tenía unos veinte años. Mi relación con Pappo siempre fue divertida, de amistad, de colegas. Hemos tocado y grabado con él, zapado y compartido cenas. Fue una relación de muchas anécdotas, las cuales fueron levantadas en el libro de Sergio Marchi, en su biografía de Pappo.




Contanos de cuando Vitico te propone ser manager de Riff.

Nos encontramos con Vitico en SADAIC, ambos haciendo el examen para acceder a ser socios de la Sociedad de Autores y Compositores. Luego de terminar esa situación, Vitico me contó que estaba grabando con Pappo, me contó la historia de cómo había descubierto a JAF y que el baterista era Moro, un amigo y colega. Inicialmente, yo no acepté enseguida, sino que me vine a reunir a Buenos Aires (porque yo en ese momento vivía en La Plata) con Carlos Rodríguez Ares, que era el productor. Nos pusimos de acuerdo y acepté.


Alejandro Taranto trabajaba con vos, junto a Riff. ¿Cuál era su función?

Taranto trabajaba conmigo, como asistente personal mío. Si bien la dirección de la producción fue mía, él hizo sus primeras armas de producción en lo que fue la vuelta de Riff con “Riff VII”. Yo estuve en el setenta u ochenta por ciento de la grabación del disco y, luego de editado el mismo, en determinado momento, lo tomé a Alejandro como asistente personal mío, y así fue cómo él se integró a la productora de Rodríguez Ares, que era el representante de Riff, y yo era el manager personal del grupo.


Para 1985, ¿fue difícil reinsertar al grupo en el mercado, dada la violencia que, anteriormente, se generaba en sus shows?

En 1985 todavía estaba difícil el tema de la violencia que persistía y que fue lo que finalmente terminó con la historia de Riff en esos tiempos, digamos. No es que haya sido difícil reinsertar al grupo en el mercado, sino que la violencia no venía por parte del grupo, sino por parte del público, que estaba bastante enajenado. Fue difícil y un poco triste, de alguna forma, que una banda tan potente y con tanto material copado se perdiera en ese momento la oportunidad de hacer una carrera excelente, pero bueno, son las reglas del juego.




¿Qué recuerdos tenés de las cinco noches de Paladium y de los Obras, uno con Barón Rojo?

Los Obras fueron dos: uno, fue la vuelta de Riff con “Riff VII”, solos, que creo que fue el 7 de noviembre de 1985, y, el otro, el 14 de noviembre cuando hicimos Riff con Barón Rojo. Los dos shows estuvieron muy buenos y un tiempito después hicimos las cinco noches en Paladium, que fueron muy divertidas, con un escenario súper alto, afortunadamente filmado y grabado, y de ahí salió “Riff ‘n’ Roll” editado por CBS. Y estuvo Lalo Mir presentando a la banda. En cuanto al primer Obras, estuvo un poco accidentado con respecto al segundo, que estuvo más controlado.


¿Llegaron a salir de gira por el interior o el exterior con JAF?

Salimos de gira muy poco, pero sí hicimos, en el verano de 1986, unas actuaciones en Chile. Luego, al volver a Argentina, empezamos a hacer shows en lugares chicos, después de haber hecho los Paladium y toda esa historia, porque ya en las discotecas no nos compraban más shows de Riff. Giras por el interior no hicimos; la única fue esa de Chile, donde tocamos en Santiago y en Valparaíso.


¿Qué opinión te merece “Riff VII”?

El disco “Riff VII” me parece una demoledora obra de arte, un disco muy copado y que marcaba una diferencia, comparado con los discos anteriores de Riff. Estaba Moro en batería, que tenía otro touch al de Michel, y JAF en segunda guitarra y voz, que fue un gran aporte. Y Riff fue el puntapié inicial para su carrera artística solista.


¿Por qué se va Moro del grupo?

Moro se va del grupo, concretamente, por falta de laburo. Al no tener, en esa época, un mercado de trabajo, no pudimos desarrollar ingresos suficientes, por lo tanto, él decide irse.


¿Te acordás algún show con Jota Morelli, antes de que la banda, con esa formación, se

separara?

Me acuerdo el La Esquina del Sol, que terminó siendo una batahola porque hubo gente que se metió de prepo, una mujer que quiso cortarse las venas, había que poner seguridad y fue bastante terrorífico. Alejandro Taranto estaba conmigo y seguro que él se acuerda de que nos miramos y dijimos: “Este es el último show”. Porque la gente no quería pagar, era imposible manejar al público y había mucha violencia. La gente todavía estaba muy loca en ese tiempo.



Si tuvieras que hacer un balance del tiempo trabajado con Riff, ¿qué dirías?

Que fue un año y medio, aproximadamente, muy divertido porque con Pappo nos conocíamos de adolescentes y con Vitico, con Juan y con Moro también había una amistad, así que el balance, tanto en lo humano como en lo artístico es positivo, pero en lo comercial, lamentablemente, no funcionó porque el público estaba atrasado para la época.


¿Alguna anécdota de aquellos años que quieras compartir con nosotros?

Una anécdota que puede ser divertida, en algún punto, fue el estreno de “Riff VII” en Obras. Vitico tenía dos bajos y el asistente que tenía que afinarle los bajos no tomó en cuenta que el afinador tenía la batería baja y le afinó el instrumento una octava más abajo de lo que correspondía. Afortunadamente, cuando salimos a escena y explotaron unas bombas de estruendo, que fue una cosa que se hizo con una empresa que se llamaba Metol y que recién empezaba, Vitico agarró el bajo y se dio cuenta de que estaba desafinado, así que manoteó el otro bajo ¡que gracias a Dios tenía! y arrancó el show. Después yo le pegué una patada en el orto al asistente y lo terminé echando.


Por Sergio Giambruni