Entrevista exclusiva con Campino de Die Toten Hosen en Berlín

“Extrañamos mucho a la Argentina y por suerte en octubre nos veremos”



A pocas semanas de una nueva visita de Die Toten Hosen a la Argentina (el 21 y 22 de octubre en Obras), Efecto Metal se encontró con Campino en Alemania. Los Die Toten Hosen están cumpliendo 40 años de carrera y en Berlín lo celebraron con un concierto multitudinario en el antiguo aeropuerto de Tempelhof. Más de 60.000 fans se dieron cita para un evento pionero. Este fue el primer concierto que se realizaba en Alemania con un 100 % de energía renovable. La familia Die Toten Hosen había esperado con ansias esta noche mágica de absoluta comunión entre público y banda. A pesar de las varias actividades de un día agitado, el incomparable Campino nos recibió, amable y generoso, antes del espectáculo para hablar de su amor por Argentina, las 4 décadas de carrera y el futuro de la banda. Son los 40 años de Die Tote Hosen y han elegido el lema "Todo por Amor" (Alles aus Liebe) para celebrarlo. ¿Por qué este título? Creo que estas tres palabras agrupan todo de lo que realmente siempre se trata. Incluso si no nos atrevíamos a decirlo cuando éramos una banda punk joven. Básicamente, siempre se trató de amistad, de encuentros, de pasión. Por eso este título, todo por amor, funciona muy bien. Me llamó la atención cuando un actor con quien quería trabajar en La ópera de los tres centavos, Klaus Maria Brandauer, vino a un concierto en Viena. En realidad, él viene de la música clásica y yo tenía miedo de que no le gustara lo que iba a ver en nuestro show. Después del espectáculo me dijo: “pueden mostrarse tan duros como quieran, pero hoy solamente vi amor”. Y de alguna manera lo encontré muy conmovedor y muy hermoso. Y básicamente es así y siempre fue así, incluso en Londres en el 77. La gente siempre se ha peleado mucho en el pogo, pero siempre se han ayudado a levantarse y se han reído. Siempre fue algo físico, pero fue un juego y siempre fue una energía positiva. Los que no entendían nada pensaban que “No Future” era un eslogan serio. Pero fue esencialmente una provocación y todos teníamos mucha alegría de vivir en esa época. ¿No tener vergüenza de admitir que todo lo hacen por amor, tiene que ver con que acabás de cumplir 60 años? Con 20 años quizás no lo hubieras dicho… Sí, así es, especialmente porque en última instancia se trata de cómo interpretás el amor, que no es solo un asunto entre dos personas, sino que se puede entender mucho más ampliamente, como la amistad o una afinidad con otras personas. No ir por la vida destructivamente o negativamente y pensando que hoy todo está en mi contra, sino darle una oportunidad a todo lo bueno cada mañana. Y cuando compras los pancitos en la panadería, intentas entrar con una sonrisa. Todo importa. Tal vez en algún momento no estuvo bien estar de buen humor y ser amable con los demás. Me alegro de que nos hayamos liberado de eso y de poder admitirlo sin avergonzarnos. Buscar la alegría en la vida, con toda la mierda que nos rodea y contra la que siempre tenemos que luchar, sigue siendo parte de nuestra existencia. Ya sea estar en contra de la homofobia, el racismo, la xenofobia, en contra de todos estos temas. Ahora además nos estamos volviendo cada vez más conscientes de la lucha contra el cambio climático. Hay suficientes temas para quejarse, pero el optimismo debe ser nuestro mejor compañero. Con los tiempos que corren, pandemia, guerra, ¿no te resulta difícil propagar el buen humor y el amor? Sí, no se trata de estar siempre de buen humor. Hace un rato anduve a los gritos. Pero eso es positivo, hay que dejarlo salir porque si no te envenena. Se trata de una actitud básica que hay que tener, especialmente en estos tiempos difíciles. Aquí en Berlín se nota mucho que la guerra no está lejos. Tenés que pensar en tu posición sobre la celebración de un evento como el de esta noche, donde querés que la gente esté feliz. No se trata de ignorar la guerra, se trata de gritar y decir que lo sabemos, está en nuestras mentes, nos afecta también. Pero tenemos, creo, el deber de apreciar aún más los momentos en que tenemos algo que celebrar y celebrar juntos. Que todos sabemos que noches como la de hoy, de encuentros pacíficos, no deben darse por sentadas, como se nos permitió creer durante muchas décadas.

¿El hecho de que Die Toten Hosen, ya muy temprano en su carrera, fuera a tocar en el extranjero, como por ejemplo en los países del bloque del este, los ayudó a ver que no en todos lados la gente vivía tan bien como en Alemania Occidental? Sí, pudimos comprobar que aquí vivíamos bien, sobre todo comparado con otros países. Ver las cosas desde el exterior es bueno. Probablemente no hubiéramos sido tan conscientes de lo bien que nos iba en la República Federal. Siempre ha sido importante para nosotros buscar y dar solidaridad, no importa a quien. El movimiento punk en Argentina en la época del régimen de injusticia fascista era un movimiento clandestino que tenía que funcionar y mantenerse unido de manera similar al movimiento clandestino en los sistemas de izquierda. Así que básicamente la represión, la forma de terror contra estas minorías eran similares. Tenían el mismo tipo de interrogatorios, tortura, etc. Y por eso siempre fue claro para nosotros que buscaríamos esta subcultura y visitaríamos países sin importar el sistema. Nos acusaron de tocar en Israel. Nos decían: “¿cómo pueden ir a Israel cuando hacen muchas cosas malas contra los palestinos? Etcétera”. Esto nunca fue un tema para mí, porque hay punks allí que dependen de tener conexiones con la escena internacional, porque hay algo que nos une. Esto no tiene nada que ver con los respectivos gobiernos. Mientras podamos visitar países y no solo reunirnos con empleados oficiales, sino que de alguna manera tengamos acceso a la población real, entraremos en todos los sistemas y especialmente en los sistemas que tienen dificultades, ya sea Myanmar o China. Tocamos en un concierto oficial en Beijing, China, y los censores querían revisar nuestras letras. Pero esa misma noche tocamos en un club punk en Beijing y nadie nos controló. Ese siempre ha sido nuestro eje, contactar con la gente de la clandestinidad y preguntarles: “¿cómo podemos hacer para ir? ¿cómo podemos vernos? ¿están de acuerdo con que vayamos o dirán que básicamente estamos apoyando al régimen al hacer esto?”. En tales circunstancias, no haríamos un viaje, pero casi siempre funcionó. Ahora no son solamente los 40 años de Die Toten Hosen, sino también 30 años de la primera vez que tocaron en Argentina. ¿Qué recuerdos tenés de esa primera visita? Argentina se ha convertido en un país muy especial para nosotros en muchos aspectos. El origen fue que un día nos llegó una carta de un muchacho que había emigrado de Alemania a Buenos Aires. El escribió: “No lo van a poder creer, aquí también hay una escena punk y me he puesto en contacto y ellos saben de ustedes y me han preguntado si ustedes se pueden imaginar tocar en Buenos Aires”. No lo tomamos muy en serio, simplemente le respondimos: "Sí, está bien, envíenos los billetes de avión y nosotros vamos”, o algo así. Unas semanas después llegaron los billetes de avión. De alguna manera lograron conseguir el dinero para los vuelos. Entonces, ya que habíamos dado nuestra palabra, por supuesto nos dijimos: “¡Vamos para allá!”. Yo tenía prejuicios con Argentina. Mi madre es inglesa, y estaba de acuerdo con la política de Thatcher. La Guerra de las Malvinas era muy reciente y de alguna manera me influenció y fui muy crítico. Y luego Maradona, la mano de Dios… Sólo quería ir a la Argentina con la banda para poder decirles: “Viste, te lo dije…”. Desde el momento en que llegamos todos fueron increíblemente amables, incluso los guardias fronterizos fueron muy acogedores con nosotros. Estuve terriblemente avergonzado de mis prejuicios todo el tiempo y me juré a mí mismo que nunca más volverías a decir nada malo de un país hasta visitarlo. Y así, desde el comienzo, realmente fue un país del que todos nos enamoramos colectivamente al mismo tiempo. Recuerdo el primer show, llegamos a este club a las 8 de la noche en punto, porque se suponía que íbamos a hacer una prueba de sonido allí. Por supuesto que a esa hora no había nadie. La puerta estaba cerrada y nosotros estábamos un poco preocupados. A las diez alguien se acercó arrastrando los pies y abrió la puerta. Hicimos una prueba de sonido y pensamos que el espectáculo empezaría a las 00:00 como muy tarde. Pero no había venido nadie al club y pensamos que habíamos viajado 8.000 km solo para tocar para nosotros y nos sentimos increíblemente decepcionados. El dueño del club nos dijo: “No, no, vayan a jugar al pool en el café. Vuelvan en una hora”. Alrededor de las 4:00 de la mañana el lugar comenzó a llenarse. Creo que subimos al escenario a las 4:30 o algo así y tocamos hasta las 6:00 de la mañana. Después de eso todos los chicos fueron a un club nocturno con nosotros. ¡Y entonces entendimos por qué a Buenos Aires la llaman la ciudad que nunca duerme! ¡Y nos encantó! Era simplemente la pura alegría de vivir y ver, a pesar de todas las dificultades, cómo la gente de Buenos Aires todavía se reía de la vida y hacía que valiera la pena vivirla y podía reírse de sí misma. Eso nos dejó boquiabiertos. Luego volvimos regularmente, sobre todo en los tiempos en los que sabíamos que a la gente no le iba bien. Tocamos conciertos donde la entrada costaba el equivalente de 0,50 € más o menos, para que la gente pudiera permitírselo. Y no se olvidaron de nosotros. Muchas otras bandas los defraudaron en su momento, por así decirlo, o no vinieron más porque no había negocio que hacer. El dinero nunca fue nuestra razón para ir a Argentina. Creo que todas estas historias se condensan juntas en el sentimiento de que ambos hemos experimentado mucho juntos y que existe una verdadera amistad. Aunque, por supuesto, no conozco el nombre de todos los que vienen a vernos, pero los chicos de Buenos Aires y Argentina saben lo que significan para nosotros. Argentina es, para nosotros, también una prueba de que, sin importar en qué parte del mundo, se pueden hacer amistades y que no somos un fenómeno alemán o germano parlante, sino que el idioma en realidad solo es algo secundario en esos momentos. Se trata de sentimientos sobre la vida, se trata de humor, de lo que expresas a través de la música. Esta es la gran importancia que tiene Argentina, ese es un capítulo sin el cual no me puedo imaginar a Die Toten Hosen. Es increíble el éxito que han tenido internacionalmente, y sobretodo cantando en alemán… Eso definitivamente es algo especial. Cuando se trata de juventud y cultura pop, hay que admitir que el idioma alemán no es exactamente sexy. Es mucho más fácil para vos llegar a la gente con el inglés, en todo el mundo. Como banda alemana, en realidad tenés que luchar por cada país por tu cuenta. Antes, cuando una banda americana sacaba un nuevo single, un vídeo, a través de MTV, se conocía en toda Europa y los caminos se acortaban para estos grupos. Como grupo alemán, todos los países tenías que pelearlos. Fue agotador y es agotador. Pero creo que hoy en día se da cada vez más que los países tienen sus propias escenas, su propia música nacional que también juega un papel y no es solo el material angloamericano lo que es tan admirado.


¿Pero no has considerado cantar todo en inglés y tocar en todo el mundo? Traducimos varias canciones al inglés. También tocamos mucho en el Reino Unido en los 90. Estuvimos en Norteamérica. Todo fue maravilloso. Pero luego tuvimos que darnos cuenta de que el alemán es aún más mi primer idioma. Puedo expresarme mejor en alemán. Estos textos en inglés rara vez resultaron como yo quería, porque simplemente no tenía la calidad profesional para hacerlo. Hay tantas grandes bandas inglesas y americanas que realmente expresan bien sus historias, que no creí que fuéramos realmente importantes en inglés. Entonces, ¿cuál es nuestro derecho a existir?, escribir sobre esta actitud hacia la vida en idioma alemán, que es al mismo tiempo nuestro límite en comparación con muchos países del mundo. Pero no creo que eso sea trágico, todo ha pasado como tenía que pasar. Hoy en día tocamos en los lugares que nos interesan. Le damos una oportunidad a cada país, queremos verlo todo, pero no tenemos que volver y ya no tenemos que pelear mercados, como ha sido el caso durante mucho tiempo. Por ejemplo, en Escandinavia también estuvimos arriba en los rankings con uno u otro álbum, pero eso ni siquiera significa que puedas llevar tu propio equipo de sonido. Entonces, si vendías 5.000 discos, eras oro y segundo lugar o algo así, pero no hubiera sido suficiente para traer tu producción al país durante tres semanas. Simplemente no valió la pena financieramente tratar de construir un mercado allí.

Ahora que has cumplido 60 años has actualizado el texto de "Wort zum Sonntag", antes decía “todavía no tenemos 60” ¿Cómo es para vos cantar esta canción hoy en día y cómo era cantarla cuando la escribiste? La canción significa mucho para muchos fans de Die Toten Hosen. Creo que la escribimos en el 86, tal vez ya en el 85, incluso entonces ya era una buena mirada hacia atrás y un buen inventario de lo que realmente éramos. La gente simplemente afirmaba que el punk rock estaba muerto. Nosotros dijimos: “me importa una mierda lo que digan los demás, nosotros seguimos en nuestra película, con los amigos que piensan como nosotros”. Ese fue un himno que estuvo vigente durante mucho tiempo. Hoy se puede ver con algunas canciones, que desde el punto de vista histórico ya no son tan relevantes y otras canciones se han mantenido muy vigentes, te guste o no. Una canción como "Willkommen in Deutschland", por ejemplo, todavía tiene vigencia. Otras canciones se han vuelto más débiles en el contexto. "Wort zum Sonntag" se ha mantenido vigente durante mucho tiempo. Ahora, por supuesto, podemos cantarla y reírnos de nosotros mismos diciendo que realmente hemos llegado a los 60. Esos ominosos 60, que, en aquel momento, era algo así como la vejez justo antes de la muerte. Para nosotros, estas eran personas que se sientan en sillas de ruedas y les cuentan historias a sus nietos. Ahora yo mismo tengo 60 y en un rato tenemos que tocar un concierto. Esto era algo impensable para nosotros en aquella época. De ninguna manera podríamos habernos imaginado el día de hoy.

¿Cómo luce el futuro para vos y Die Toten Hosen? Nunca nos gusta planificar demasiado, porque podés pensar las cosas, pero siempre tenés que estar listo para anularlas. Creo que tocaremos en algunos festivales de forma reducida el próximo verano. Hay algunos lugares que encontramos interesantes, pero son historias excepcionales, no tienen nada que ver con una gira normal. Definitivamente haremos algo juntos como banda. Más allá de eso no hay un plan fijo más que la intención de hacer otro disco. Pero podría ser el último. ¿Por qué el último? En primer lugar, porque nos estamos acercando al final y, en segundo lugar, el medio y la forma de un álbum está, en mi opinión, al borde de la extinción. Es solo que hay que reconocer que los hábitos de escucha de la gente están cambiando, que Spotify ofrece de todo y nada, y que los oyentes le dan cuatro segundos a una canción para decidir si les gusta o no. De la misma manera que solo se escuchan títulos individuales, a la mayoría de la gente le interesa igual de poco la estructura de un álbum. Siempre ponemos nuestro corazón y alma en ello. ¿Cuál será la primera canción? ¿Cómo se está construyendo el álbum? ¿Cuál es la canción final? Pero hoy en día a nadie le importa. Creo que no tenemos que ponernos sentimentales al respecto. Vamos a grabar nuestro último disco exactamente de la misma manera, con la idea de que para nosotros es un trabajo que debe ser muy homogéneo y donde las canciones no serán intercambiables. Por supuesto, no sabemos cómo se sentirá el público al respecto. Creo que me duele demasiado pensar en un álbum dentro de unos años y que a nadie realmente le importe. En ese sentido no me parece tan lamentable decir que este podría ser nuestro último disco.

Estarán de regreso en Argentina en pocas semanas. ¿Qué puede esperar la gente allí? Extrañamos mucho nuestros momentos de Buenos Aires y creo que hay un sentimiento mutuo de que es el momento adecuado para grandes momentos nuevamente. ¿Qué puede esperar la gente? Estaremos allí llenos de alegría de vivir. No creo que los espectadores o nosotros lo demos por sentado. El tiempo corre. El COVID nos ha demostrado que ya no se debe contar con nada. Al menos no como un regalo, como un regalo evidente. Existe esta guerra que nadie sabe si escalará o no. Todo es muy frágil y ser conscientes de esto debería ser suficiente para que pasemos muy buenas noches allí. Nuestra gira aquí es solo un entrenamiento para Buenos Aires. En ese sentido, pueden tener confianza, y estar contentos de que tocaremos con el mejor cuadro, con todas las canciones que han sido bien recibidas aquí.



Texto y Fotos: Nicolás Coitiño Colaboración: Jens Fritze