Blaze Bayley estuvo en Comodoro Rivadavia dando dos shows

La Patagonia vivió momentos emocionantes

PRIMER SHOW: TIEMPO DE LO ACÚSTICO

Es martes 22 de enero por la tarde, Blaze y los músicos de los británicos Absolva: Karl Schramm (bajo y coros), Martin Mcnee (batería) y Chris Appleton (guitarra y coros), quienes lo acompañan en esta oportunidad, pisan por primera vez suelo Patagónico.

Llegan cansados ya que la noche anterior terminó tarde (cerca de las 2 de la mañana finalizó el show y a las 6 am ya estaban en el Aeropuerto de Santiago de Chile para llegar a media mañana a Ezeiza, luego hacer el tramo a Aeroparque y finalmente tomar el vuelo Comodoro Rivadavia). El cansancio es notorio y con pocas palabras se instalan en el hotel para descansar unas horas.
Puntualmente a las 19 horas es la prueba de sonido en el Teatro Escuela “El Dislocador”, un sitio con acústica ideal para este inédito y exclusivo show en el tour, ya que será totalmente acústico, es por esto que no traen sus instrumentos y se les proveen en el lugar. Se hacen los ajustes correspondientes y las condiciones están dadas para abrir las puertas, hecho que sucede a las 21 horas. De a poco se va creando un ambiente de ansiedad, en el público vemos desde un niño de 8 años, acompañando con su padre con sendas remeras de Iron Maiden, hasta una señora de 75 años, es decir, un show apto para todo público literalmente.
A las 22 horas llegan Blaze y los suyos para dar inicio a una hora y media de show con todo el abanico de armonías que se despliegan en 14 temas, cuidadosamente seleccionados. Muchos asistentes fueron a ver al “ex-Iron Maiden”, y Blaze con su compacta banda, logra capturar la atención rápidamente apenas suena “Lord Of The Flies”. “Futureal” es el tercer tema y nadie es ajeno a la emoción, el carisma y la sensacional voz de Blaze que lo hace hipnótico. El cantante tiene un gran diálogo con la gente y la banda suena a pleno desde el inicio. Que sea acústico el concierto, no quita que sea muy intenso y pesado, mientras se van intercalando temas de su etapa en Maiden como de su actual carrera solista.
Por supuesto que apenas termina “A Thousand Years”, asoma un clásico inoxidable, como lo es “The Clansman”, y definitivamente es una fiesta, a todo metal.
Los temas, ya sobre el final, van siendo cada vez más pesados, el hecho de ser acústico no los suaviza, el pogo se da con todos los asistentes y luego se vienen los últimos temas. Suena “The Angel And The Gambler” y el cierre es a pleno con “Judgement Of Heaven”. Todos terminan eufóricos, con locura, y casi sin poder creer lo que habían visto. A continuación, Blaze se sienta y atiende a cada fan que quiera un autógrafo y/o foto con él, durante media hora. Obvio que no hubo quien pudiera resistirse y comprar alguno de los discos de la trilogía: “The Redemption Of William Black”, o anteriores “Infinite Entanglement” y “Endure And Survive”. Tampoco faltó quien lleve vinilos de Maiden para su firma, todos tuvieron su premio, a la vez que los miembros de la banda se entremezclaban entre la gente, compartiendo cervezas hasta que las heladeras del lugar se vaciaron. Una jornada histórica para Comodoro Rivadavia.

EL OTRO SHOW

Anochece en Comodoro, es miércoles 23 de enero, cambiamos de lugar, esta vez será “El Sótano Pub”. El lugar también queda en pleno centro de la ciudad y albergará el show eléctrico de Blaze, como lo es en todo el resto de la gira. Previsto el comienzo para las 22 horas, las bandas invitadas tocarán a partir de la medianoche, para respetar el horario. Es que Blaze hace el encuentro con fans (que no le gusta decir “meet and greet”, ya que no los cobra y es muy “americano”) a partir de las 20 horas. Luego de realizado esto con la gente que se acercó temprano, la mayoría llega sobre el inicio del show.
Lo único que se mantienen son las luces blancas, como con ambiente de “teatro”, como para que todos puedan sacar fotos y grabar videos sin perder detalle. La banda es directa, no usa distorsiones y esta vez todo está al palo. El setlist dista bastante de la noche anterior, pero lo que sí se conserva es la misma energía y encanto. Aunque es otra audiencia, nuevamente Blaze conquista a todos los asistentes, permitiendo el lucimiento personal de cada uno de sus músicos, jugando con el público y transitando por todos sus clásicos. Hoy la electricidad hace que se puedan mostrar otras canciones y la lista de temas se haga escasa. A Blaze se lo nota contento y decide seguir más allá del setlist propuesto, nos da tres temas más de “yapa” y una vez finalizado el concierto, nuevamente va a sentarse y a atender a todos los asistentes. Los que llegaron justo sobre la hora del show, y que se creían haber perdido la posibilidad del contacto directo con Blaze, se alegran pues la bondad del cantante  hace que tengan fotos y autógrafos.
Una vez finalizado esto, Blaze se retira caminando al hotel a descansar, pero la banda se queda observando y oyendo a los caletenses de T-1000 y luego a los locales Zoom, que terminan la noche con sendos buenos shows. Entre cervezas y fernets, se cierran dos jornadas antológicas. La Patagonia metalera es feliz y, como pasa en estos casos, quienes presenciamos ambos shows nos sentimos privilegiados que una leyenda como Blaze esté en el sur argentino. Quienes no han podido venir, ojalá los veamos en la próxima…porque Blaze y los suyos ya nos aseguraron una nueva visita en 2020.


 

Texto y Foto: Federico Finlez (corresponsal exclusivo)

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