Lo que nos dejó el Wacken Open Air 2026
Hablar de la 35.ª edición del Wacken Open Air no es referirse a un simple festival de música; es narrar una verdadera peregrinación mundial al templo del Holy Ground en Schleswig-Holstein (Noroeste de Alemania). Del 29 de julio al 1° de agosto de 2026, las sagradas praderas del norte de Alemania se convirtieron nuevamente en el epicentro de la devastación sonora mundial, congregando a decenas de miles de almas unidas por el llamado del metal en todas sus vertientes. El cartel de este año fue un tributo contundente a la vieja escuela y al legado incombustible del acero.
1°. El Heavy en retrospectiva
Comenzamos la retrospectiva pesada con Judas Priest. El "Metal God", Rob Halford, volvió a impartir cátedra desde el Harder Stage. Con un registro vocal que desafía las leyes del tiempo y apoyado por las guitarras afiladas y precisas de Richie Faulkner y Andy Sneap (que cumplen y con creces), la banda británica sacudió el suelo germano a base de sus riffs icónicos. Clásicos inoxidables como "Electric Eye" o "Hell Bent for Leather" demostraron que el heavy metal clásico no solo resiste, sino que domina cualquier escenario del mundo.
Powerwolf y Sabaton representaron el Power Metal teatral y bélico, tan en boga en los últimos tiempos, por lo menos en Europa. Powerwolf encendió las luminarias del Faster Stage con sus orquestaciones eclesiásticas, coros épicos y pirotecnia abrumadora. Por su parte, los suecos Sabaton desplegaron un espectáculo conceptual inmersivo; con el retumbar del doble bombo “ametrallante”, tanques de la Primera Guerra Mundial en escena y un público convertido en un batallón de puños en alto, firmaron uno de los momentos de mayor comunión masiva del evento (y posiblemente el mejor show que un servidor vio en los escenarios del WOA).
Las leyendas que siguen y las que se despidieron de su público: Saxon y Running Wild.
La veracidad de la NWOBHM se hizo sentir con Saxon descargando un setlist cargado de estoicismo británico, tan propios de himnos como “Power and the Glory”, “Denim and Leather” y “Princess of the Night”. Mientras que Running Wild desató su característico Pirate Metal cargado de velocidad y galopes de bajo, todo bajo un manto de emociones fuertes, ya que los teutones se despedían después de décadas de batallas en los escenarios del mundo.
2°. La Oscuridad y todos sus tonos (oscuros, como deben ser): Black, Death y Doom por los escenarios del Wacken.
Para los devotos de las frecuencias más oscuras y agresivas, el festival entregó pasajes inolvidables de refinada brutalidad: Emperor deslumbró a todos desde el escenario Louder. Los oscuros pioneros del Symphonic Black Metal noruego (etiqueta que mucho le gusta a la banda), ofrecieron una atmósfera gélida y abrasadora al mismo tiempo. Con las voces desgarradoras de guitarras disonantes y la densidad del muro de sonido que los caracteriza, Ihsahn, Samatoh, Trym y Jørgen Munkeby elevaron la complejidad armónica del festival a cotas sublimes, con un virtuosismo que sobrepasa los límites del género.
In Flames & Arch Enemy: La vertiente del Melodic Death Metal sueco tuvo una presencia aplastante. In Flames destrozó el escenario con una tormenta de riffs afinados (copyright de la casa) y también los nuevos tonos bajos, sin abandonar una dinámica visceral típica de ellos, mezcla balanceada de guturales y pasajes melódicos que provocaron unos circle pits gigantes. Lo de Arch Enemy, con Lauren Hart al frente (ella tiene una buena presencia escénica), fue un acto sencillamente demoledor, como queriendo demostrar que el combo de Amott y compañía sigue más que vigente en la escena actual. Grooves abrasivos, crossovers violentos y el recuerdo de los orígenes extremos.
En medio de su histórica ruta de despedida, Sepultura, la mítica banda brasileña sacudió los cimientos de Wacken. Su característico sonido cargado de percusiones tribales afrobrasileñas y breakdowns (¡excelentes!), creó una noche llena de energía nostálgica en el campo teutón. La banda se despide de los escenarios, quizás e irónicamente en el mejor momento con Derrick Green como frontman.
¿Qué se puede decir nuevo sobre un concierto de los apabullantes Lamb of God? Randy Blythe y los suyos salieron a no tomar prisioneros y se explayaron como mejor lo saben hacer, con el Groove Metal más poderoso del Mundo y los mayores circle pits de la presente edición.
Por su lado, Hatebreed convirtió el Louder Stage en un muro de agresión positiva y contestataria con el característico Hardcore groovero. Destacaría también el set de Triptykon, repleto de clásicos de los seminales, creativos y fundamentales Celtic Frost, banda que Thomas Gabriel Warrior también supo encumbrar en la cima de metal extremo. Remembranza y brutalidad de las mejores, de mano de los suizos.
3°. Epílogo y promesa de futuro: El Metal como sello de honor generacional.
Wacken 2026 volvió a demostrar por qué es una fortaleza inexpugnable, literalmente. Lo que otros festivales, con más y mejor cartel (algo que es más que evidente en los últimos años) no pueden lograr es la conexión con el público, que se pone la camiseta del festival una y otra vez. Entre el aroma a cerveza (litros y litros), la lluvia marca de casa (¡¡no hay WOA sin lluvia!!), el metal unido eternamente al cuero y los chalecos plagados de parches, la comunidad “heavymetalera” internacional ratificó su pacto indisoluble con la música más pesada. Las melodías distorsionadas se apagan por este año en el noroeste alemán, pero el eco del rain or shine resonará en nuestros oídos hasta la próxima llamada al frente de batalla.