Este jueves pasado (2/6/2022) vimos a Judas Priest en el Huxley's Neue Welt de Berlín

Un show único da inicio a la gira europea de la banda



La espera ha terminado. Por fin nos volvemos a ver las caras en un recinto a tope, en la intimidad que da el estar rodeado por fieles seguidores, sobrevivientes pospandemia, que se reúnen en torno a lo más esencial, natural y original: la música.



Los 1600 afortunados que se dieron cita en el club Huxley's Neue Welt no podían creer lo que veían sus ojos. En este show íntimo y especial, Judas Priest decidió dejar de lado las pantallas gigantes, los telones de fondo, los cambios de vestuario y los efectos especiales. A Rob Halford -el Metal God con la voz de oro- se lo ve cómodo, con unos pantalones cortos como los que llevaba en la época de Fight. Su preocupación ya no es tener que salir a cambiar el vestuario cada dos o tres temas, sino estar en el centro de la acción, disfrutando de cada compás. Es como si paladeara el momento, navegando en las notas, en el tiempo que por momentos se detiene y transcurre afluyendo en cada acorde.



En este escenario compacto, el sonido es crudo e inmediato, cargado de una urgencia que pocas veces les había visto. Exenta del artificial sonido digital y la pistas pregrabadas, la música resuena honesta y valiente, como un grito de guerra prehistórico en el dislocado mundo moderno.

El set list está bien pensado y mantiene el ímpetu y la expectativa, creando un universo aparte, místico, con un tiempo flotante. Y así, nos brindan, generosos, sorpresas como "Rocka Rolla", del álbum debut de 1974 o el brutal "Freewheel Burning". Brillan a su vez las versiones de "Diamonds & Rust" de Joan Báez y de "The Green Manalishi (With the Two Prong Crown)" del genial Peter Green. Pero es con clásicos como "The Sentinel" y "Victim of Changes" que el público entra en profunda comunión con sus héroes, en un espacio sin fronteras entre lo terrenal y lo divino.



Es muy emotivo ver a Judas Priest celebrar sus 50 años de carrera. Hacen parecer muy sencillo algo que en realidad solo los elegidos logran: mantenerse relevantes durante 5 décadas, y más allá de los cambios de formación, siempre defender la inimitable esencia de Judas Priest. Esto es arte: sin compromisos, excepcional y eterno.

 

Texto y Fotos: Nicolás Coitiño (corresponsal en Berlín, Alemania)


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