Havok fusionó dos épocas y el resultado fue una noche inolvidable

Uniclub - 13/6/2018

Impresionante. Esa es la primera palabra que sale de un diccionario que intenta describir el show de una de las bandas que mejor se posiciona en la escena de la actualidad. El arribo de Havok a la República Argentina se dio con un marco ideal. En primer lugar, porque la salida de “Conformicide” (si no es el mejor álbum de la banda, pega en el palo; en el travesaño y en la línea), el año pasado, ameritaba un paso por este país debido a que, según muchos críticos del género, se destacó entre las mejores placas del 2017. Y eso no es poca cosa en un momento en donde la gran cantidad de nuevas agrupaciones y trabajos, brotan sin cesar.

En segundo lugar, porque es una banda que tiene como principal logro en su haber, el hecho de traer a estos tiempos la gloriosa y dorada vieja escuela del thrash metal. Ir a un show de Havok implica pasear por el túnel del tiempo una noche y situarse en los mejores lapsos de la década del ´80, en los que la música pesada gozaba de un auge pocas veces visto en su historia. La NWOSTM (New Wave of Old School Thrash Metal), dicho en criollo, “la nueva ola del Thrash de la vieja escuela”, describe un poco el gen y la esencia de cuatro músicos que se aggiornan a estos tiempos con las herramientas que se forjaron treinta años atrás.
Uniclub del barrio del Abasto, Ciudad de Buenos Aires, se alistó para darle una cálida bienvenida a las bandas soporte que le pusieron play a una velada que pintaba como excelente desde el vamos. Oriunda del vecino país transandino, Dezaztre Natural, dijo presente y así también lo hizo su más reciente trabajo discográfico “Auto Exterminio”, editado en el pasado 2016. Piras, Castigo y Hamvides, siguieron luego. Esta última con un setlist bien thrashero que hizo sacudir a más de uno y recolectó aplausos en cantidad.
¿El lugar? lleno por donde se lo mire. ¿La gente? Ansiosa y con poca paciencia. Esa era la foto a las 21.30 horas. Fue en ese momento en el que el amplio telón negro que oculta el escenario se corrió en dos mitades hacia los costados y la agrupación liderada por David Sánchez provocó la algarabía general. “Fatal Intervention”, canción del disco “Time Is Up”, fue la encargada de darle ruedo a una lista que se fue sucediendo sin descanso durante todo el concierto. A extremas revoluciones, la batería de Pete Webber no dio respiro ni pausa y mostraba indicios de cómo se iba a venir todo. Mientras tanto, las luces verdes que se ubicaban en el mástil del bajo de Nick Schenzielos, marcaban los inlays y le daban un toque de fiesta al instrumento de un músico no dejó de sonreír ni por un instante. Si hablamos del bajo, difícil dejar de lado el segundo track, “Hang ´Em High”, corte extraído del último álbum y poseedor de una intro monstruosa que tiene como principal protagonista al instrumento más grave.
Mientras tanto, el público, incansable y enloquecido, se subía al escenario para tirarse un clavado hacia abajo como si fuese una pileta, algo característico en los shows de esta envergadura pero que, en esta ocasión, los músicos no vieron con buenos ojos. Mal por la gente, en esta. Bien sabido es que el escenario del recinto, por sus dimensiones, no es del todo cómodo para los artistas, imagínense si se suben los espectadores. Al punto que, en una ocasión, una persona fuera de sí le sustrajo la púa al frontman y hasta le desacomodó el micrófono por querer llevárselo a casa. Esta situación puso de muy mal humor a los intérpretes, quienes hicieron lo que pudieron para darle un cierre al track que estaban tocando. A partir de allí, un agente de seguridad tuvo que quedarse junto con la banda para evitar que el hecho vuelva a repetirse. No quiero oficiar de abanderado de lo políticamente correcto, pero, en algunas situaciones, habría que medir las decisiones que se toman en pleno show para tratar de no alterar las condiciones normales del mismo.
“Prepare For Attack”, “F.P.C” y “Out Of My Way”, fueron como una ráfaga que golpeó a todos con riffs intensos, algo muy característico de este cuarteto formado en la Ciudad de Denver, Estados Unidos. Buenos solos por parte del rubio pelilargo, Reece Scruggs, y junto a la enorme voz de Sánchez, le dieron un matiz muy particular a cada composición que se desarrollaba. Mientras tanto, el bajista seguía sonriendo y disfrutando cada nota ejecutada. “Covering Fire” y “Point Of No Return”, esta última le da nombre al EP de la banda del año 2012, siguieron y luego, “Insoc” y “Cradle To The Grave”, con poderosos cambios de ritmo ambas, fueron incitadoras naturales al revoleo de las cabezas o “Headbanging”, como es conocido mundialmente.
“Intention To Deceive”, siguió y le puso pausa a un recital que no paró de acelerar desde el primer minuto. Luego de este breve receso, los músicos volvieron a escena para ejecutar los bises que cerrarían el espectáculo, “D.O.A” y “Time Is Up”.
Sinceramente, para los amantes del thrash, este era un concierto al que no se podía dejar de asistir. Una performance perfecta (salvo por esos detalles mencionados anteriormente que impidieron su normal desarrollo), de una hora fue más que suficiente para descargar energías y llenar el alma de buena música. Ya desde que se anunció la fecha, se sabía lo que iba a suceder, y el pronóstico no falló. Havok resulta ser de esas bandas que te atraen siempre, como un imán, ya sea con sus discos o sus presentaciones en vivo. Una banda que, cual Ave Fénix, le saca las cenizas a la década más auspiciosa y la hace resurgir entre la enorme variedad de géneros y subgéneros de hoy día. Aplausos y larga vida a estos músicos, capaces de crear sin olvidarse de las raíces que hicieron crecer este gran árbol.

Por Lucas Barrionuevo
Foto: Juan K. Baracaldo