Meshuggah arrolló nuestras mentes un día de paro

Teatro Flores – 30/4/2019

El caos se apoderó de la ciudad de Buenos Aires el día martes 30 de abril del 2019. Debido a los problemas económicos que la Argentina está transitando, un paro general fue declarado. Las calles repletas de gente manifestando, protestando y pidiendo una mejora en sus salarios. Otras personas encerradas en sus casas sin poder movilizarse, viendo cómo sobrevivir otro día.
 

Como coincidencia del destino, en este panorama caótico llega por tercera vez al país Meshuggah. Una banda extrema donde las afinaciones graves, las composiciones retorcidas y las voces brutales de Jens Kidman transmiten una sensación de intranquilidad, incertidumbre y caos constante, muy similar a lo que, desgraciadamente, nos toca vivir a diario en esta Argentina 2019.
A las 19 horas abrieron las puertas y el público fue ingresando lentamente al recinto, expectante y ansioso por ver a los suecos nuevamente, ya que las anteriores presentaciones fueron impresionantes. La banda local invitada por la productora MC2 Concerts para abrir la noche fue Avernal. Los locales dieron un recital muy entretenido, contundente y con buen sonido. Interpretaron canciones de varios de sus discos, haciendo hincapié en “La Quimera De La Perfección”, su último trabajo.
Ni bien termino Avernal, un compilado de canciones románticas hizo bailar y cantar a la buena cantidad de público presente, hasta que de la nada, el recinto quedó a oscuras y un sonido extraño y aturdidor tomo el control de los parlantes, cortó de forma abrupta el alegre clima.
Las luces se prendieron, los músicos salieron a escena y “Pravus” desato el caos. Continuaron con la canción cuyo título representa al grupo de la mejor forma posible “Born In Dissonance”. La rápida “The Hurt That Finds You First” fue recibida con un gran pogo que continuo la deforme y aclamada “Rational Gaze”, pero sin dudas la más festejada fue “Future Breed Machine” perteneciente a su segundo disco “Destroy, Erase, Improve”.
Prosiguieron con dos canciones de “Nothing”, el álbum donde terminaron de crear su particular sonido y estilo, debido a la incorporación guitarras de ocho cuerdas. Las elegidas fueron la entrecortada y trabada “Stengah” y la poderosa “Straws Pulled At Random” que puso a saltar a un público que no podía creer lo que estaba viviendo.
El motivo principal de esta nueva visita de la agrupación era la presentación del disco “The Violent Sleep Of Reason” editado en el año 2016. Por lo tanto la magistral “Clockworks”, mi preferida de la noche, y la canción que da nombre al disco antes mencionado, sacudieron el recinto y dieron lugar a la oscura “Lethargica”, de su obra cumbre “ObZen”, que se encargó de cerrar la primer parte del show.
El espectáculo de Meshuggah tiene la particularidad de que los músicos no son los protagonistas, si no que ceden su lugar a la música y a los efectos visuales.
El escenario estaba decorado con telón de fondo, dos banners y un juego de luces alucinante que sin duda se robó las miradas. Sin dudas el iluminador es el sexto miembro de la banda. La iluminación acompañaba a la perfección cada machaque, golpe de batería y cambio de ritmo que se escuchaba. Esto, acompañado de una calidad de sonido brutal, casi perfecto y una interpretación matemáticamente exacta de las canciones hacen que el show sea una experiencia muy interesante.
Si bien, como dije antes, los músicos ceden su protagonismo, es imposible no hacer mención de su alta capacidad, especialmente de su baterista, Tomas Haake. Cabe destacar también al guitarrista Per Nilsson que cumplió con creces la titánica tarea de reemplazar a Fredrik Thordendal, guitarrista principal, compositor y fundador de la banda.
Retomando la presentación. Luego de una breve pausa, el vocalista agradeció a la gente, pidió un poco de ruido y una colosal versión de “Bleed”, su canción más famosa, destruyó lo poco que quedaba del cerebro de los presentes pero esto no les impidió tocar el tema más groovero y ganchero de su repertorio, “Demiurge”.
Los intérpretes saludaron y se retiraron del escenario habiendo dado un show tremendo. Si bien nos quedamos con ganas de dos canciones más, lo de Meshuggah fue magnífico. Pudimos disfrutar una banda con 32 años de carrera que cada vez se supera a sí misma, no se conforma con lo logrado y nunca traiciono su idea principal de hacer música compleja, extrema y caótica.

 

Por Ignacio Azzarita
Foto: Andrés Violante

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